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lunes, 26 de mayo de 2014

Irlanda...Un año.

Un año.

Volvía yo con más ganas que nunca, de ver a los míos, de disfrutar de un tiempo que deseaba en mi tierra, de necesidad de Sevilla, de verde y blanco de Andalucía y de sol. De mucho sol. Ansiaba todo eso, pero mis ganas de volver ya nacían y aún ni había llegado a saciar éstas primeras.
Y es que cuando te enamoras de dos tierras al mismo tiempo, de repente, te das cuenta de que tienes dos vidas, de que a ambas las necesitas y de que, consciente de que perderás una de ella en pro de otra te entristecerá a rabiar cuando llegue el momento de la partida final, del cierre de etapa.
Somos y no debemos olvidar de dónde venimos. Y jamás, durante mi estancia lejos de mis raíces lo olvidé. Pero si de alta traición tuviesen que juzgarme por comparar dos amores y ponerlos a la misma altura, estaría humilde y sinceramente dispuesta porque me engañaría a mí misma intentando dejar a una de mis pasiones fuera de mi vida. Y dicen, las lenguas más sabías que en el amor no se miente, o al menos no se aconseja.
Ya hace un año. Y fue cruel no poder hacerme a la idea del abandono, de la huida, fue difícil no dejarme disfrutar un tiempo más a tu lado.

 Y así, a mano armada, me arrebataron a la Irlanda, que tanto me dio con oportunidades, que tanto me regalo en personas y que tantas experiencias dejó en mi memoria. Sólo fui feliz. Sólo cuidando a renacuajos y sintiendo que avanzaba por momentos en todos los sentidos. Me regalaste postales en directo de paisajes inimaginables. Me diste amigos para siempre. Me entregaste tu lengua, tu historia y tu magia. Me explicaste la palabra aventura, y me enseñaste que el miedo, en su justa medida es el único miedo posible.
Vine en busca de mi Andalucía, y mi Andalucía me dijo que necesitaba cuidarme. Y que ya, debía quedarme, que no cabía elección alguna. Para que algunos digan que no existe el destino. Puedo asegurar que no es manipulable a veces, y que si así hubiese sido, nunca me hubiese vuelto de mi Irlanda.
Ya llevo un año aquí. Y no te olvido. No hay distancia que me quite las ganas de ti. Ya hay un vínculo. No sé si volveré para quedarme, pero siempre volveré para abrazarte.

Aún así, a pesar del mal trago, de las maneras de mi regreso, ojalá, todos los que me leen pudiesen vivir…una experiencia así.

Ahora soy Irlandesa de adopción, pertenezco a la familia au pair de Cork, tengo hermanos pequeños de otra nacionalidad, mis niños!, sé que es enfrentarse a otro idioma, pasar frio, no ver el sol, sonreír con cara de boba cuando no entiendes que te dicen al más puro estilo chino, sé que es tener paciencia con niños, cambiar pañales, dar bibis, acostarlos, llevarlos al cole, verlos llorar cuando te vas y que se te encoja el alma, salir de fiesta y que te cierren a las dos, máxime a las tres. Sé que es mojarse cada día, vivir sin persianas, mirar y ver verde por más kilómetros que te rodeen, sé que es que te acojan como a una más, echar de menos usar sandalias, sé que nuestra comida es inmejorable. Sé y he aprendido que no cuenta el tiempo sino la intensidad, que Irlanda es para Europa como Andalucía para España, que hay gente pá reventá riéndose en todos los rincones del planeta, que los pelirojos ya no son tan raros, que somos más morenos de lo que creemos, que el vodka me sienta mal, que una cama doble es mejor que una simple, que dejar huella es cuestión de vivir siendo uno mismo, y que eso, los que te rodean lo sienten tal cual. Que no hay más barreras que las que nosotros mismos nos ponemos…
.y he aprendido, que yo, ya no podría ser yo sin mis dos Amores. Hoy…las circunstancias me recuerdan a ti!


GRACIAS IRLANDA. 



I miss you so much, often, the distance joins more than anything because if you miss a lot, you think more in that and if you think it a lot, you love it more and more.

jueves, 24 de enero de 2013

Sensaciones encontradas


Día 14. Diario de una au pair.
En este momento sólo oigo un llanto intenso, y a lo lejos la voz de Denise y Aarón que deben tomar el lunch tras el colegio. Son la una y media del medio día. No volverán a comer hasta las seis y media aproximadamente, hora en la cual tomamos la cena. La que llora es Mia, sino lo recuerdan, es la bebé de la casa.
Yo me hayo en mi time off, el cual suelo usar para estudiar e intentar avanzar con la lengua, y otras veces para hablar con vosotros y con mi gente. En su defecto y si los horarios nos coinciden a lo largo de la semana, salgo de casa para encontrarme con las chicas con las cuales comparto experiencia, y con las que los fines de semana desconecto de largas horas de juegos con niños y esfuerzos por hacer mi oído y mi vida a éste lugar tan similar y tan diferente.
Han pasado dos semanas y todo comienza a ordenarse repentinamente. Ya llega la rutina y las risas, las incertidumbres se marchan a toda prisa y las anécdotas florecen y quedan guardadas en la memoria.
He tenido la sensación de que no volveré a vivir en España. Y sido más que consciente de que probablemente vuelva pero no por demasiado tiempo. Echar de menos es un sentimiento poderoso, pero que siempre controlé. Pensar que aquí quizás tenga oportunidades que mi país me niega y por las que no apuesta, me gana de sobremanera.
Quizás mi visión de las cosas sea egoísta, quizás estoy dejando mi tierra cuando más me necesita pero, ¿Acaso mi tierra hizo algo por mi cuando me formé hasta tocar techo? Cuando recorrí calles y comunidades en busca de un empleo, cuando me ofrecí para ayudar sin cobrar un duro, cuando trabajé por un salario mísero haciendo una tarea mucho más cara a conocimiento de todos, ¿dónde estaban los que piden que los jóvenes nos quedemos para levantar un país endeudado, que se hunde, y que mancha su imagen con políticos sin educación pero con unas ganas enormes de forrarse literalmente, dónde estaban para encarar a éstos sin vergüenzas? Creo que hemos vuelto a las España de los emigrantes, dónde no hay cabida para tanta formación.
Pero basta de divulgar, ya las letras de mis amadas chirigotas creo que hacen mella en las críticas a todo este sistema en el que no es que falle algo, es que fallan algunos.
Para hoy os dejaré otra sensación más, he sabido que los niños no son lo mio, que soy capaz y que mi paciencia tiene límites insospechados, pero también he comprendido que cuando empiezas a ver a esas personas diariamente, cuando tu hostmun un día te ve disfrutar de una comida y aparece con ella para que vuelvas a tomarla y sientas que estás en casa, las piezas del puzzle comienzan a encajar.
No me oirán nunca desaconsejar esta experiencia aún sabiendo que hay gente que no tuvo tanta suerte con sus familias de acogida. No me oirán, ni me verán rendirme. Nunca cambié un pañal, y ahora me parece que llevo toda una vida haciéndolo, nunca recogí a nadie al salir de clase, no pasee y oí el llanto constante, ni jugué tirada en el suelo, ni regañé…
Nunca tuve tantas ganas de fin de semana, sales, y pides pizza y te la ponen con forma de donut, vas a la universidad y te encuentras con un simulacro de incendios, tomas té y puedes llevar la comida que desees sin que nadie te diga nada por permanecer y tomarla dentro del bar, estudias en la biblioteca entre sin techos y personajes más que singulares, sales con un día en condiciones y regresas a casa empapado por la tormenta que te cayó encima por no prevenir… En fin…un sin fin de pequeñas cosas y nuevas personas que alimentan los momentos duros y los convierten en especiales. MAGIA.

No me despido sin un felicidades a Ángel, a Ángela y a Esther … y que cumplan muchos más! Y que yo pueda teneros cerca.
Prometo pronto presentaros a los “Scones” , deliciosos. Y sino que os cuenten las que me los dieron a conocer.

jueves, 17 de enero de 2013

Au pair. Día seis.


Día seis de la aventura
Me marché. Irlanda me abre sus puertas, o más bien tras conocer lo poco que conozco, sus jardines.
Un trabajo no era suficiente para frenar mis ganas y mis sueños. Un sueldo medio no cubría todas mis expectativas y fe. No era lo que deseaba. Prefiero hacer esto y mirar atrás algún día sabiendo que lo intenté si las cosas van mal.
Y si van bien, sabré que he hecho todo lo que estaba en mi mano y que no ha sido la suerte la que ha estado a mi lado. Sino mi esfuerzo.
Me han llamado valiente, me han preguntado mil veces si estaba segura de lo que iba hacer. Me han hecho plantearme cuanto necesitaría a los míos.
Siempre he sido plenamente consciente de que no sería fácil, y sobre todo al principio.
Todo es diferente.
Hoy, me dispongo a empezar a narraros cada paso de esta aventura.
Me encuentro en un pueblo tan distinto al que me vio crecer que hasta a veces me pierdo por sus calles por que para mi todas son prácticamente iguales, pero esto, es solo cuestión de tiempo y poco me preocupa. El día a día comienza a instalarse en cada segundo que pasa y he caído en la cuenta que casi la mayor parte del día me encuentro bajo las paredes de mi nuevo hogar.
Estoy a tan sólo diez minutos de la ciudad de Cork, al sur de Irlanda. Aquí viven unas 13.000 personas y mi nuevo pueblo se llama Glounthane. Es casi más difícil de pronunciar que de rodear.
La extensión ni si quiera la sé. Sólo puedo contaros que nunca ví tanto césped para que los niños jueguen, tantas cuestas juntas…no, sé lo que estáis pensando y no… Constantina es, como se suele decir, arroz al lado de esto.
Bueno, como la unión hace la fuerza, y si, en cualquier parte del mundo levantas una piedra, te sale un español, que si me apuras un loreño, ya tengo un grupo de personas dispuestas a hacer hermandad y que los días que se hagan pesados sean bonitos cuando vaya a la cama, a ellas gracias. Se sabe como son las personas desde el primer contacto con ellas y verdaderamente…creo que he tenido suerte.
Con respecto a los demás, cuido a tres angelitos preciosos Dara el mayor, Aaron de cinco añitos y la jefa de la casa, Mia. Los llamaría demonios pero no está bonito para niños y además, a pesar de ser tremendamente enérgicos, son geniales. La familia, mitad irlandesa, mitad origen indio, es fabulosa. Nada me falta y a veces pareciesen ellos quienes me cuidan a mi, consciente soy, de que intentan que también sienta ésta, su casa, como mi hogar.
Esto creo que es bastante por hoy, además estoy de babysitter y acabo de acostar a los dos revoltosos y no dejan de charlar, aunque no entiendo nada, los oigo.
Para resumir,…me monté en un avión cargada de miedos pero sobre todo de sueños y ganas, y ahora, han remitido los miedos, pero los sueños siguen más presentes que nunca.
Menuda tempestad la de hoy…el viento pareciese que va derribar las ventanas de un momento a otro.
“Ain´t no mountain high enough” … a los mios, siempre conmigo.