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lunes, 13 de enero de 2014

15 Años de Dando el Kante


Nunca había oído hablar de ellos, pero más tarde supe cuántos caminos con éxito habían recorrido. El viento transportaba sus historias y hazañas con la prosa, la rima, las letras y las frases. Con el silbido del mismo, ya hacían música sus historias, y que decir las melodías que a propósito reproducían a viva voz.

A su paso contaban, dejaban sonrisas, momentos de juerga, anécdotas y añoranzas a su marcha, ligados al deseo de su pronta vuelta. Dejaban conocidos, y también amigos.
Dejaron en algunos casos, corazones rotos tal vez, golpes de guitarras que se perdían entre el albero de ferias y romerías. Dejaban multitudes ansiosas de baile y jarana, y acompañaban en sus descansos a los que los seguían y apoyaban.

Yo no sé, en que momento, llegaron a mi vida sin saber quiénes eran, siendo ellos ya, lo que eran sin yo saberlo. Cuanto supe después, sólo tuve que comprobarlo.

Quizás hoy pueda hablar con la propiedad que me dan los años que sin planearlo, la vida me ha regalado junto a vosotros. Quizás, hoy me tomo molestias por que hay momentos de mi vida en los que vuestras voces sean probablemente la mejor banda sonora, quizás, quince años de los que he disfrutado unos seis, son el mejor garante para que yo, dejase que me cayesen mil altavoces más encima si fuese necesario.

Hoy como regalo de cumpleaños, quiero decir cuánto sé yo, de vosotros, y de la única manera que sé, escribiendo.

Gracias.

Gracias por que no sólo hacéis 15 años de “Dando el Kante”, hacéis quince años de felicidad de muchos. Hacéis momentos inolvidables en cada boda, y en cada bar de los miles de pueblos sevillanos y andaluces.

Gracias.

Porque nunca vais a desgana y si es así lo disimuláis. Por vuestra profesionalidad, por vuestra dedicación y vuestra guasa contagiada. Por todos los que recuerdan una época como la época “Dando el Kante”, por los que siguen apostando y confiando en vuestras voces entre los que me incluyo, y por vuestra transparencia.

Gracias. Pero he de recordaros algo a los tres, mi Diego, mi Fran y mi Manué. Vuestro éxito nunca radicó más que, en quienes sois.
Si he de contar sobre vosotros he de daros doblemente las gracias. Mis amigos. Y no sé si esté adjetivo se sujeta a tantas historias que oí.

Dicen que es y se siente sortudo, aquel que han sido apremiado con loterías y sorteos y la fortuna les ha llovido del cielo. Dicen que los que tiene carreras profesionales brillantes y viajan a diario por trabajo, dicen que eso es suerte. Yo según esto nunca he sido afortunada, y sin embargo siempre me he sentido así con respecto a mis amigos, de lo cual, vosotros tenéis gran parte de culpa.

Ellos, un día aparecieron por sorpresa, y hoy seis años después, jamás me han vuelto la espalda, se colaron en mis días para hacerse importantes. Me han hecho participe de sus alegrías y de sus desdichas, y me siento orgullosa. Me han hecho reír, y llorar… pero de la risa. Siempre fuisteis conmigo generosos. Y me habéis dado a muchos otros. Gracias por ellos. Hoy ya no me caben en las manos tanta buena gente con la que cuento y a la que quiero con locura.

Hoy tengo un libro lleno de páginas de momentos imborrables, hoy tengo tantos personajes que los argumentos se me escapan de las manos, hoy bromeo con mi doble padrón loreño – villaverdero, y tengo dos ferias al año.

Hoy he caído en la cuenta de que el mejor de los títulos para vuestros 15 años no es otro que la gran familia que significa “Dando el Kante”.

Gracias.

Gracias por hacer que siga creciendo. Seguiré arrancando cada página de mi libro porque nadie debería desconocer las grandes personas que esconde la leyenda “Dando el Kante” y su música.
Nos vemos en los bares…

P.D: Me quedó aquí, entre cantimploras, Cantillana, y las lagunas. Entre hippies, ferias y copas. Me quedo con corazones que sanaron y hoy son ejemplos a seguir, con los fieles a su forma de ser, con los luchadores y los desaparecidos. Me quedo con las ausencias largas y las visitas frecuentes. Con bizcochos caseros y arroces futuros. Me quedo con… ¿Tu cuantos peinados te haces?, con la vihennnnnn, la radio y los pepinos. Con el cariño implícito y explícito. Me quedo con vosotros, con los vuestros, y os regalo a los míos. ¿Hacemos trato?


Por 15 y mil años más… DANDO EL KANTE por todos los rincones del mundo.


La niña del altavoz !

jueves, 18 de octubre de 2012

El hombre que paseaba en su bicicleta




Mi hermana solía hablarme de él con una mezcla de rabia, melancolía y pena. Solía pasearme en coche por las calles ojeando para cruzárnoslo y que también yo pudiese conocerlo. 

Me contó historias de hambre, calor, frío. Historias de palizas y robos, de mala gente. También me contó leyendas sobre platos calientes, techos y abrigo, de servicio, solidaridad y ayuda. Buena gente.
Su nombre de pila era Luciano, vagaba por los caminos y a penas podía con sus pasos. Consigo, solo llevaba años de pastoreo por algún pueblo de la sierra norte, y desavenencias familiares que lo llevaron a marcharse lejos de los suyos.

Así, buscando un lugar de asilo, y con apenas una bicicleta que cargaba más que montaba llego a Lora.
Nadie sabe bien que discusión puedo ocasionar su soledad. Dicen que quizás el juego… o su carácter testarudo. A buen recaudo, sé, que quienes aquí le ayudaron hicieron todo lo posible por su bienestar, y él en muchas ocasiones rechazó muy buenas opciones.
A buen recaudo, que no paso hambre mientras aquí estuvo.

Pero en toda historia triste hay una parte dura, en la que interviene la poca calderilla que pudiese haber por medio. El dinero siempre es protagonista, hasta en las mejores familias, hasta cuando las cantidades son ínfimas, ridículas.

Quiso el destino que el viejo triste y buscavida de la bicicleta tuviese una pequeña paga con la que se defendía y hacía frente al paso de los días. Quiso, que ciertos tipos lo supiesen y que recibiera constantes palizas en las cuales le robaban.

Me contaba mi hermana cuantas mañanas lo recogieron de caídas, cuantas veces, vagaba por los alrededores de su trabajo casi sin poder mantenerse sobre sus huesos. Como probó a sacar su dinero en pueblos vecinos para que éstos hurtos acabasen.

Pero llegó el día en que se rindió. Luciano, el hombre de la bicicleta, el vecino que tuvimos casi por casualidad durante meses, escogió probar a vivir en otra pedanía. Supo que la buena gente, fue la mejor en Lora del Río, y que él, no supo comportarse con ellos, pero también que la mala gente, le destrozó un futuro en nuestro pueblo.

Hoy, y tras tantas palabras y discusiones encontradas con mi hermana, he comprendido que como siempre ambas teníamos nuestra parte de razón. Siempre defendí que con la paga de Luciano mucha gente vivía, y mantenía a familias enteras, siempre defendí que los vicios y el juego, si así era, no me ocasionaba más que la mínima pena, que una residencia era un buen lugar…Sin embargo si que decía verdades mi hermana, era un ser humano. Nadie merece palizas, nadie merece que los cuatro de siempre despedacen  las ilusiones de un modo de vida escogido. Y sobre todo, Lora no merece una imagen como la que dan éstos, la mala gente.

Me quedo con los abrigos, los platos calientes, las horas de cobijo y compañía, de aquellos que si que representan la humanidad de nuestras calles.