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viernes, 2 de mayo de 2014

Echar de menos...

Sí.
Yo soy de las que piensa que echar de menos no significa nada necesariamente. Echar de menos no significa que quieras a alguien hasta que duela, ni que estés enamorado. No significa que sea el mejor amigo del mundo o el trabajo que más feliz te hizo.

Echar de menos es sólo eso. Echar de menos.

Echar de menos es recordar momentos que eran tuyos y ya no suceden. Eran minutos, horas o días, que ocupabas haciendo algo que ya no haces. Eran costumbres o aventuras inesperadas. Echar de menos es gente que se marchó por siempre o que viene y va intermitente mente. Es distancia, cuando hubo unión. Es sonrisas junto a ti, que se acabaron.

Añorar es bonito. Tuvo que haber, no fuerte, pero tuvo que sentirse para que no te ubiques sin eso, esa o ese. No se añora lo que no hizo feliz, ni lo que sigues teniendo. Echar de menos es recordar y saber que estuvo bien, es una sonrisa desdibujada cuando te percatas de que te falta.

Aquel lugar, aquella gente, aquel momento…o aquel momento en aquel lugar con aquella gente…mientras sonaba esa canción…qué…hoy, al oírla…te hace echar de menos.

Echar de menos es algo acertado, porque añorar, siempre significará quedarse con las cosas buenas de cada historia. No queremos revivir las malas. Lógico.

Es quedarse con la esencia de un perfume y que al olerlo,… te estremezca hasta el punto de que la melancolía te haga pensar en ello. Echar de menos es tener corazón y saber sentir. Es bailar descalzo sólo porque sabes que hoy nadie te pisará, no hay riesgo de daños.

Un día, ya todo es sólo recuerdos.

Que te echen de menos…no es tarea mía describirlo. Pero llena pensar en que tus actos serán recuerdos bonitos para alguna historia.


P.D: Hace unos días olí tú perfume en alguien, vi de nuevo nuestras fotos de aquel viaje, pensé en aquel cuadro con mi foto de comunión, oí con los ojos cerrados aquella canción, sentí 40.000 voces cantándote al unísono, y, quise volver aquel lugar dónde viví, no hace mucho.

 Sin embargo,hoy en concreto, … he echado de menos que me dieran las buenas noches.


miércoles, 30 de enero de 2013

Cuando estás lejos...



Cuando estás lejos de todo, y de todos. Cuando por más que intentes recibir o enviar un abrazo, la calidez no llega por mucho que consuele saber que estás ahí, o que cuentas con otra persona.
Cuando no está en tu mano y la injusticia se ceba con los tuyos y la impotencia te gana por segundos. Las lágrimas no se secan y a veces ni si quiera resbalan por la carencia de éstas. La incredulidad y la ausencia, combinadas con una dosis pequeña de tiempo hacen que te evadas y olvides quizás más rápido de lo que debieses o que no vivas los momentos con la intensidad adecuada.
Sin embargo, tus deseos de volver cuando soñabas con marcharte ocupan tus noches y las hacen más sombrías aún si cabe. Lo que antes estaba iluminado por mil farolas, por un tiempo serán tinieblas que te despertarán en medio de la noche. Pero no eres tú quien importa.
Lo único que me roba las ganas de sonreír cada día en este extraño lugar que comienza a parecerse a mi hogar pero que nunca lo igualará, es pensar en ti, en este momento.
A veces me pregunto quien escribe el libro del destino que nos corresponde a cada uno de nosotros y que método utiliza para decidir sobre derechos. A veces pienso que la justicia no existe en ninguna de sus versiones. Ni legalmente, ni divina, la vi nunca ser fiel a lo que representa.
A penas hace veinte días que estoy lejos y pareciese una eternidad, cuando una sola palabra representa cuanto te necesitan en otro lugar
 Cuando el tiempo hace que te unas a unas personas de las que ya nunca podrás separarte, por más distancia que se imponga entre ellas, jamás los minutos superarán sentimientos. Jamás las horas provocarán risas o llantos, jamás los días, provocaran ganas de vida, o consuelo.
Aquí, el viento suele soplar fuerte y a veces me gusta que ese ímpetu con el que lo hace golpee mi rostro, me da la sensación que arrastra con su fuerza mi mochila de malos ratos, y mis ausencias justificadas se balancean llevaderas cual columpio en parque infantil de niños.
Sé que entiendes que no estoy, pero la rabia se apodera de mí, por que también conozco tu necesidad de tenerme justo ahora, si ya antes me echabas de menos...
He querido que la parte racional en mi se conecte a la pasional y he pensado que quizás este aire que sopla pueda cargar mis ganas de acompañarte, por eso cuando hoy supe que cuesta arriba se hacían los kilómetros que nos separan amiga, salí a la calle solté el más cálido de los abrazos, cargado con la otra mochila, la que siempre custodio y vigilo dejándome la vida en ello, en la que tú has depositado cariño y momentos mágicos para mi, que te estaré agradeciendo de por vida y que ahora, quiero que el viento meza para hacértelos llegar y compensen el peso que ahora carga tu bolsa de días negros.
Tras esto, me he quedado más tranquila, por que a los días de lluvia les ha precedido un día soleado, debe ser mi calor que ya viaja hacia allí para arroparte lo antes posible. Estoy segura
Perdóname. Ánimo.

“…mientras suena un triste tango con sabor a despedida…”

Ahora si voy a contar cada día que pasé para veros a todos, ahora sí se confirman de nuevo todas mis filosofías de vida, ahora sí, no quiero perder ni un segundo en lamentarme. A veces no hay mañana, ¿para que perder un presente en planear algo que quizás no exista?
30/ 01/ 2013



lunes, 6 de agosto de 2012

Los niños que fuimos antes



PSP, WII, Xbox, Nintendo DS…todos nombres más que conocidos de aparatejos, para los niños de la sociedad actual. Sin ellos tristemente no son felices, y hasta me atrevería a decir que no pueden vivir.
La tecnología avanza a un ritmo indescriptible. Y a veces pienso que cuanto más lo hace más retrocedemos los humanos en nuestras capacidades. Todo lo hacen las máquinas. La socialización ha cambiado, se adaptado a las nuevas formas de vida, que para mi gusto lo que limitan precisamente es la relación interpersonal.

Recuerdo cuantas veces jugaba a las muñecas en la calle con mis amigas, y cuantas veces hacíamos deporte jugando al fútbol. Solíamos llegar a casa sucios, y algún que otro día llorando por peleas o por caídas de una bici, de patines, o simplemente por un resbalón. Recuerdo mis rodillas apostilladas, y a mi madre saliendo a la placita a buscarnos para comunicarnos que la cena estaba hecha y que no eran horas para niños.
Las tardes se hacían cortas en invierno cuando caía el sol temprano, pero también en verano cuando el día se alargaba. Nunca era suficiente para jugar. Para imaginar que eras médico, profesor, o cantante.

Ahora todo eso se ha perdido, las calles están vacías y no hay niños riendo y llorando. Ahora pasan el día en casa con una videoconsola, corriendo carreras de coches, matando a bichos, …

He caído en la cuenta que quienes tienen una infancia así son diferentes y a mi gusto infelices. La esencia de la vida es el trato directo. Los niños tienen que jugar en la calle, donde aprenden a enfrentar todo tipo de situaciones, a perder miedos, a hacer amigos y a valorar todo aquello que cuando eres mayor recuerdas con tanto cariño.

Yo, cuando miro atrás, veo tiempos bonitos, veo mi infancia, ellos… quizás sólo vean máquinas. Y perdonen que vuelva a atreverme pero… hasta hoy, por más que avanza la tecnología, las máquinas aún no dan cariño, ni provocan sonrisas cuando las recuerdas, ellas no viajan contigo hasta el resto de tus días. Eso es de lo poco que aún es tarea de las personas.