miércoles, 27 de agosto de 2014

Hubo una guerra en la antiguedad

Hubo una guerra en la antigüedad.  Perdida por que nunca se luchó, y luchada porque nunca se perdió.

Hubo una guerra y los heridos nunca se curaron. Convirtieron sus rasguños en cicatrices, y dejaron nacer piel nueva dónde, las balas, de tanto daño, habían perforado la antigua.

Creyeron sanar, porque no había sangre, y porque sus vidas estaban a salvo. Pero en esa guerra, las heridas del alma, nunca aplacan. Siguen vivas, por más que se empeñaron en despellejarse y cambiarse el vestido cutáneo adornado por cuantos ataques les sorprendieron y debilitaron en aquella contienda. Porque las batallas del corazón, no se olvidan… sólo pasan, cuando de tan intenso que duele, al contrario que en la vida real, cuando duele a rabiar, casi al borde de la pérdida del conocimiento, ahí, cuando en una situación normal, te volverías loco, en las batallas del alma…en esas que libraron aquellos valientes de antaño,… de repente, en el abismo, ves que rendirse quizás no es lo justo, ni lo que deseas, ni lo que debes hacer, pero sientes que es lo único que te salva. O al menos,… te refugia, y te da una guarida donde fortalecerte de nuevo para una nueva guerra, o quizás, la misma en otra etapa.

Ellos no fueron conscientes de que ambos bandos… fueron superados por el dolor, y abandonaron las armas en pro de una oportunidad, en pro de mantenerse cuerdos, enteros, racionales… pero sus mentes, y sus pechos, los cuales no fueron alcanzados por proyectiles ni golpes, esos… estarían heridos y en guerra ya de por vida.

Nunca jamás serían capaces de amar después de conocer lo que sintieron cuando se hiere al prójimo, por más enemigo que sea… todos los hombres fueron una vez, respetables por cualquier otro. Cuando disparaban a matar, sin pensar que con aquella vida que eliminaban también morían ellos un poco,… cuando se les iban soplos de aliento, que ellos mismos dejaban escapar con cada explosión de furia y rabia incontrolada, con cada defensa  ganada que arrebataban al bando contrario, que no eran otros, que quienes una vez rieron y amaron junto a ellos.


La crueldad de luchar contra quienes amaban les dejó inservible una buena parte de sus corazones, y ahora sólo amarían a medias, o distinto. Ya no sería de una manera limpia y pura como el amor dicta, ya el odio y la traición, a pesar de haber dado paso al perdón en aquella batalla … no dejó lugar para la cura. No había antídoto para ellos, y aun así creyeron sanar.

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